Autenticamente sin fronteras

Auténticamente sin fronteras

Hola, mucho gusto, ¿quieres ser mi amigo para siempre?

 

Anoche conocí a Julia Register y a Erwan Gronier. Habíamos leído y contestado los
mismos emails desde hace dos semanas y nos habíamos escuchado por skype, pero hasta ayer
nunca nos habíamos visto en persona. Lo primero que hicimos fue abrazarnos, como quien
reconoce a un viejo amigo al que solo le hacía falta ver a los ojos. Amistad instantánea. Eso
trae consigo ser un Payaso sin Fronteras.

Las fronteras no son solo esos límites geográficos que se discuten al calor de una guerra
y delimitan el libre paso de los humanos de un territorio a otro, con todo lo que esto significa.
También entre personas construimos fronteras, limites arbitrarios basados en etiquetas y
paradigmas. Estereotipos que nos privan de fraternizar con cualquiera. Julia y Erwan no
conocen de esto. Y tampoco Gabriela Winter, a quien conocí en un Encuentro de clowns en
Bogotá hace 4 años y con quién hice inmediata amistad sin saber que nos reencontraríamos
en Ecuador, en una “brigada de alegría” con Clowns Without Borders tanto tiempo después.
Ella nos alcanzará en 3 días.

A donde vamos nos preguntan de dónde venimos. Especialmente si vamos vestidos de
payasos. El motivo de nuestra presencia en una zona devastada por terremotos recientes hace
caso a obvia nuestra labor. Pero la curiosidad hace que la gente pregunte por nuestros lugares
de origen. Aunque nuestros pasaportes dicen Estados Unidos, Francia, Brasil y México, en el
caso de Julia, Erwan, Gaby y mio respectivamente, nuestra respuesta es “somos de aquí…
Igual que tú”… Y es que somos cosmeños. Habitantes del Cosmos como todos los demás. Como
tú que ahora lees esto.

Y así vamos por las calles de Ecuador, por el hotel, por los comercios y así entramos y
salimos del orfanato donde acabamos de presentarnos. Como compañeros de habitación, como room mates de este espacio infinito que llamamos Cosmos. Esta es nuestra casa y estamos contentos de saludar a todos con quienes lo compartimos y que no habíamos tenido la suerte de conocer en persona.

Con frecuencia, la gente a la que saludamos con la familiaridad con la que un payaso
llega y te saluda, se muestra sorprendida, pero no tarda mucho en sentirse tan cómoda, que le
vienen unas ganas enormes de jugar con nosotros y desde luego, termina riéndose y sintiendo
que tiene un nuevo amigo. Uno a quien tarde o temprano tenía que conocer.

Vamos por encima de toda frontera con el permiso que el amor otorga. Payasos sin
fronteras. Eso somos.

***

Last night I met Julia Register and Erwan Gronier.  We’d been reading and replying to email threads and talking via Skype for two weeks, but until yesterday we had never seen each other in person.  The first thing we did was hug, like when you recognize and old friend and all you needed to see was their eyes.  Instant friendship.  This sort of thing comes with being a Clown Without Borders.

Borders are not just those geographical boundaries that are discussed in the heat of a war and delimit the free passage of humans from one territory to another, with all that this means. We also construct borders; arbitrary boundaries based on labels and paradigms.  Stereotypes that deprive us from befriending anyone.  Julia and Erwan didn’t know about this.  Nor did Gabriela Winter, who I met at Clown Encuentro in Bogotá 4 years ago, and with whom I immediately befriended, knowing that we would meet in Ecuador, in a “brigade of joy” with CWB much later.  She’ll be here in 3 days.

Wherever we go, we get asked where we are from. Especially if we’re in clown attire.  Our presence in an area devastated by earthquakes recently makes an obvious case for our work.  But curiosity makes people ask about our places of origin.  Although our passports say the United States, France, Brazil, and Mexico, in the case of Julia, Erwan, Gaby, and myself respectively, our answer is “we are from here, same as you” .. And we are “cosmeños” — inhabitants of the cosmos like everyone.  As are you, dear reader.

And thus we go through the streets of Ecuador, the hotel, the shops, and thus we enter, and leave, the orphanage where we just were.  As roommates, as housemates of this infinite space that we call the Cosmos.  This is our home and we are happy to greet everyone with whom we share it, and all those who we had not been lucky enough to meet in person.

Often the people we greet with the familiarity of a clown’s greeting are surprised, but it doesn’t take long to feel comfortable, for the desire to play with us to arrive, and of course, for people to end up laughing and feeling like they have a new friend.  One who, sooner or later, you had to meet.

We cross every border with the permission granted by love.  Clowns Without Borders.  That’s us.

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